Be brave, girl. Los documentales de Kim Longinotto

“Si las mujeres hablan, el mundo puede cambiar. Se valiente”. Esta máxima que Sampat Pal —líder de la organización “Pink Saris”, destinada a ayudar a las mujeres de las castas más bajas de la India, los intocables— dirige a una adolescente hindú que por su condición de madre soltera puede acabar muriendo a manos de su propia familia no sólo funciona como preámbulo —premisa dramática y vínculo emocional— del último y excelente documental de Kim Longinotto, Pink Saris (2010), sino que también condensa el sentido de buena parte de su obra. O, al menos, de los filmes que componen esta retrospectiva centrada en algunas de las más recientes producciones de esta reconocida documentalista inglesa. Divorce Iranian Style (1998), Sisters in Law (2005), Rough Aunties (2008) y Pink Saris —una mención aparte merecería Hold me tight, let me go (2007), filme centrado en un colegio especial británico que, a petición de la autora, se recupera tras su presentación en España en este festival hace tres años dentro del ciclo Una parte del cielo. Directoras europeas en el nuevo milenio[1]— pertenecen a la serie de películas que Longinotto, a lo largo de una extensa carrera iniciada a finales de los setenta, ha filmado en África y Asia con el objetivo de documentar la vida de las mujeres a través de una serie de organizaciones (formales o informales, de carácter institucional o voluntario) donde se dirimen sus derechos civiles.

Si tuviéramos que buscar un vínculo entre todos estos filmes, lo encontraríamos en sus personajes. Sus protagonistas son casi siempre los marginados o los desposeídos, aquellos cuyos derechos son sistemáticamente vulnerados o, en el peor de los casos, inexistentes; aquellos cuyo punto de vista ha sido ninguneado a la hora de articular el discurso hegemónico (ya sea éste familiar, político y/o religioso); aquellos, a quienes este mismo discurso, al tiempo que los considera dignos de una especial protección, los excluye: las mujeres y los niños. Pese al evidente compromiso político que preside su obra, ésta no puede ser encuadrada en la tradición de un cierto documental social que, en última instancia, victimiza a las personas objeto de las injusticias que pretende denunciar. Lejos de movilizar un sentimiento tan políticamente ambiguo como la compasión, Longinotto dirige su objetivo hacia una serie de mujeres fuertes y ejemplares, que exhiben un coraje inaudito a la hora de denunciar públicamente las vejaciones cometidas contra ellas o sus congéneres: violaciones, abusos sexuales, violencia doméstica o subordinación total al varón. Es precisamente, a través de la palabra, que su papel se transforma, pasando de ser víctimas pasivas a convertirse en agentes del cambio, en personas profundamente involucradas en el desarrollo de su comunidad. Los documentales de Longinotto, en cierta forma, nos recuerdan que el objetivo no es “dar la palabra a los que no la tienen”, sino construir una serie de espacios —políticos, sociales o psicológicos y, como caja de resonancia, también cinematográficos— que posibiliten la existencia misma del habla, del “poder decir”. Espacios donde, por primera vez, una serie de hechos traumáticos y sentimientos ocultos puedan ser verbalizados: ya sea la furia de unos niños cuyos problemas emocionales imposibilitan su integración en una escuela normal (Hold me tight, let me go); ya sea la vergüenza y el desconcierto de las menores víctimas de abusos sexuales (Rough Aunties) o el temor y el desamparo de unas mujeres que ni siquiera han tenido la posibilidad de concebirse a sí mismas como sujetos dignos de respeto (Pink Saris); ya sea la impotencia ante un sistema jurídico claramente sexista (Divorce Iranian Style) o el miedo a la represión por haber osado denunciar la violencia en el seno familiar (Sisters in Law).

La singularidad de su obra radica precisamente en la elección de unos escenarios donde la modernidad convive con la tradición. Sus filmes exploran las paradojas — políticas y personales— de países como la India, Camerún o Irán, donde una legislación de inspiración religiosa o tribal fuertemente arraigada choca frontalmente con los principios igualitarios del sistema moderno legal. Y estas fricciones ocupan un lugar central en unas narrativas que no imponen una idea preconcebida sino que reflejan de forma personal el proceso de filmación. Su documentales están abiertos a las negociaciones, las contradicciones y las concesiones que las mujeres deben realizar en unos países inmersos en un proceso de cambio. En ocasiones, con la ley en la mano. Y ese es el trabajo que de forma ejemplar, a pesar de las presiones familiares para que impere el silencio, realizan la abogada Vera Ngassa y la jueza Beatriz Beatrice Ntuba en Sisters in Law. En ocasiones, a través de los subterfugios legales. Y, así, en un tribunal civil de Teherán el único recurso para obtener el divorcio puede ser apelar a la esterilidad del varón y la mentira puede acabar siendo la única opción para conseguir la custodia de una hija (Divorce Iranian Style). En ocasiones, mediante las estrategias del débil, buscando respuesta a las necesidades inmediatas en lugar de recurrir a una confrontación que se sabe perdida de antemano como ocurre en Pink Saris. En todos los filmes de Longinotto, la palabra implica la toma de conciencia de la propia opresión; es un paso previo hacia la autoestima y la acción. Girl, be brave. Y, a menudo, es la cámara tomavistas la que propicia la palabra. Don’t be afraid, girl.

Aunque Longinotto sea una de las más destacadas representantes del cine directo contemporáneo, su cámara no se limita a observar sin intervenir, sino que se convierte en un apoyo fundamental para los sujetos que filma. En Divorce Iranian Style son frecuentes las miradas cómplices a la cámara y las confesiones a media voz a ella dirigidas, al igual que ocurre en Sisters in Law. Como relata la propia directora a propósito de este último filme: “Amina [una mujer brutalmente golpeada por su marido que ha interpuesto una demanda de divorcio] sabía que Mery y yo estábamos allí en calidad de testigos y, también, que estábamos allí apoyándola y alentándola, y que íbamos a estar a su lado durante todo el proceso”[2].

Este compromiso con los sujetos filmados es extensible a un método de trabajo extremadamente coherente y reconocible en toda su filmografía y se encuentra cercano a los principios del cine colaborativo y participativo donde, borrándose las fronteras entre director y personaje, la filmación se concibe como un encuentro. Además, la directora no sólo trabaja con un equipo mínimo (ella siempre como camarógrafa acompañada por una sonidista), sino que siempre filma y firma —pese a que aquí hayamos obviado sus nombres, todos sus documentales son co-direcciones— con informadores locales que, aunque suelen carecer de formación técnica o conocimientos del medio cinematográfico, son fundamentales para salvar las distancias culturales y lograr la intimidad y la extrema cercanía que caracterizan sus documentales.

En última instancia el carácter político de los filmes de Kim Longinotto radica en que, como ha observado Belinda Smaill, en ellos siempre se vislumbran posibilidades de futuro y de cambio, al tiempo que propician un acercamiento al otro fundamentado en la ética[3]. Su mirada sobre la compleja situación de las mujeres en países no occidentales nos recuerda que si bien el feminismo, como método y forma de pensamiento, no puede concebirse como un movimiento homogéneo sino que propone diferentes prioridades y soluciones políticas en función del contexto cultural, también cabe ser entendido como un movimiento constructivo que articula espacios de diálogo y entendimiento mutuo. Como relata otro de sus personajes, esta vez en Rough Aunties: “Cuando tú luchas por los derechos de las mujeres, tú luchas también por los míos, aunque yo sea blanca”. Y, es en este contexto transnacional, donde el coraje de los personajes filmados por Kim Longinotto no sólo resultan ejemplares por su poder transformador, sino por su capacidad de interpelarnos. Como reconoce la directora, ellas “también pueden cambiarte”[4].

[Artículo publicado en el catálogo de la 48 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón]

[1] Una excelente aproximación a este filme por parte de la propia directora se encuentra en Núria Vidal (ed.), Una parte del cielo. Directoras europeas en el nuevo milenio (Gijón: Festival de Cine de Gijón, 2007).

[2] Entrevista a Kim Longinotto realizada por Sophie Mayer, en Sophie Mayer y Corinn Columpar (eds.) There she goes: feminist filmmaking and beyond (Detroit: Wayne State University Press, 2009)

[3] Belinda Smaill, “The Documentaries of Kim Longinotto: Women, Change, and Painful Modernity” en Camera Obscura Volume 24, Number 2, 2009, pp. 43-75.

[4] Entrevista a Kim Longinotto realizada por Sophie Mayer, op. cit.

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