¿Qué les pasa a los hombres? Representaciones de la masculinidad en los trabajos de la EOC (1969-1973)

  • Doctor: Desde que me habló de su caso no he podido dejar de pensar en ello.
  • Él: ¿Cree usted que es algo grave?
  • Doctor: No es cuestión de lo que yo crea, sino de lo que veo. Por eso le he llamado, quiero examinarle detenidamente.
  • Diálogo extraído de Check-up (Mariano Baselga, 1971, EOC)

En 1967 Cuadernos para el diálogo publicó un estudio de corte sociológico dirigido por María Campo Alange —autora del pionero libro feminista La guerra secreta de los sexos (1948)— titulado Habla la mujer. Resultado de un sondeo sobre la juventud actual. Su objetivo era conocer “cómo viven, cómo piensan, cómo estudian, cómo trabajan, cómo aman, cómo sufren o cómo se divierten las jóvenes que viven en la capital de España” (Campo Alange, 1967: 12-13). La conclusión fue meridiana: “La mujer no ha pasado verdaderamente por esa época de transición que separa la vida tradicional de la vida moderna. Sin rebeldías, sin audacias, sin lucha —nuestro ‘feminismo’ ha sido casi inexistente— ha sonado la hora de su independencia” (ibídem, 10). En resumen, el informe señalaba que el tan ansiado y promocionado progreso social en nuestro país —estamos en pleno desarrollismo— debía medirse también por la redefinición de los roles de género. El discurso de la equidad irá ganando protagonismo en la década de 1960 y fundamentalmente en la siguiente, cuando el movimiento feminista ya no pueda considerarse inexistente. Por su empuje, se articularán, grosso modo, dos modelos de feminidad: la mujer emancipada versus la mujer oprimida, esta última reducida al rol de esposa y madre, encargada de transmitir en el seno familiar los valores religiosos, morales y nacionales enarbolados por el franquismo.  

            No obstante, si atendemos al carácter relacional del género, surgen otras preguntas: ¿Qué ocurrió con la masculinidad? ¿Pudo quedar inmune al discurso igualitario y a las transformaciones socio-económicas que experimentó el país? ¿Cómo se formularon en el ámbito cultural estas dislocaciones de género? Evidentemente, la progresiva industrialización, el crecimiento urbano, la proliferación de los medios de comunicación y el auge del consumo, el turismo o la migración afectaron a la definición vigente de la hombría española. Sintéticamente, en estos años, el cuerpo despótico de corte fascista (Pavlovic, 2003) que podría condensarse en el lema franquista “mitad monje, mitad soldado” está ya agonizando y, precisamente por ello, en sus postrimerías, resurge con virulencia su fuerza represora, frente al movimiento estudiantil o firmando sentencias de muerte. En sintonía con la rearticulación del cuerpo nacional, el modelo dominante de masculinidad fraguado en el primer franquismo —sustentado en la virilidad, el honor, el militarismo y patriotismo y la estricta verticalidad— y que en la vida cotidiana encarnaba la figura del pater familias y su posición de autoridad y responsabilidad, comienza a presentar fisuras. Como ha analizado Antonio Agustín García (2009), la masculinidad tardofranquista empieza a percibirse cómo algo incómodo: el rol de padre autoritario resulta castrador y, de forma titubeante, los hombres comenzarán a definir su identidad de género desde la negación, como aquello que no se quiere ser. Eso sí, siguiendo al mismo autor, no será hasta entrada la década de 1970 que la masculinidad deje de ser transparente. Es decir, que se formule como una construcción social y se discutan sus privilegios. A ello contribuyen diferentes publicaciones: el polémico volumen de Esther Vilar El varón domado —tercer libro más vendido en España en 1975— o el ensayo de Josep-Vicent Marqués “Sobre la alienación del varón” publicado en El viejo topo en 1978. Este artículo dejaba claro que no solo existía “el problema de la mujer” e invitaba a romper con una masculinidad autocomplaciente, “vampirizada por su propio estereotipo triunfalista”. Tras diseccionar diferentes tipos de hombría (el machista estricto, el paternalista satisfecho, el paternalista angustiado, el misógino clerical y el misógino romántico), Marqués concluía provocadoramente: “existe el problema del varón […] y si de alguna manera hay que calificar su singularidad podríamos cifrarla en ser el opresor más tonto y coqueto de la historia”.

            Atendiendo a este contexto, este programa de “Flores en la sombra” vuelve a centrarse en el valioso archivo de la Escuela Oficial de Cine (EOC), compuesto por más de 1600 documentos audiovisuales, poniendo el acento en las representaciones de las masculinidades y las tensiones que la atravesaronen el breve periodo comprendido entre 1969 y 1973. Apenas cinco años, pero una rápida mirada al cine popular del momento evidencia que su exposición era signo de los tiempos. Así, algunas de las películas españolas más taquilleras fueron El turismo es un gran invento (Pedro Lazaga, 1968), No desearás al vecino del 5º (Ramón Fernández, 1970) o ¡Vente a Alemania, Pepe! (Pedro Lazaga 1971). En ellas, la mentalidad y costumbres del español medio se confrontan a lo foráneo y moderno —la sueca y su bikini— y, en consecuencia, la representación de la feminidad netamente española se presenta como salvaguarda de la tradición, como un muro de contención de un progreso ansiado, pero también percibido como amenaza frente al orden social y moral establecido. De este modo, el varón podía nadar y guardar la ropa. Desde el Nuevo Cine Español, podríamos rastrear patrones similares como sucede, citando solo un filme, en Peppermint Frappé (Carlos Saura, 1967), donde el choque entre tradición-españolidad y modernidad-extranjeridad se resuelve violentamente en la figura de Geraldine Chaplin que encarna dos papeles: el de una feminidad cosmopolita que alimenta las fantasías masculinas patrias, pero que, al hacerlo, expone sus limitaciones, y el de otra casta y servil presta a convertirse en moderna Galatea.

            Sin ánimo de exhaustividad, estas sesiones se conciben como una invitación a interrogar las masculinidades y su historicidad, precisamente por su carácter normalizado, su renuencia a la autocrítica y la frecuente virulencia con la que se encaran los avances del feminismo como observamos hoy en día, en un momento en el que empuje del activismo feminista y su mayor presencia mediática se ven constante y ferozmente atacadas por nuevos (retro)machismos. Confiamos además que el público fiel al canal online de Filmoteca Española pueda trazar relaciones con programas anteriores en los que se disloca la rígida y tradicional división de géneros tan definitoria y utilitaria a la dictadura: ya sea por la visión de las mujeres que cursaron dirección en la EOC o por los desbordamientos de la masculinidad hegemónica que, desde una sensibilidad camp, se pueden encontrar en los primeros trabajos de cineastas que cursaron estudios en el centro como Jaime Chávarri.

            La primera sesión titulada El domicilio conyugal, violencias ad hoc no sólo juega con los motivos de las prácticas incluidas, sino que supone un reconocimiento a Mercedes Fórmica, quien, con su artículo “El domicilio conyugal” publicado en ABC en 1953, emergió como una temprana voz feminista. A partir de un brutal caso de violencia de género, Fórmica denunció la legislación vigente que sujetaba totalmente a la mujer al varón y, en caso de separación, ella se veía desposeída de la casa, los bienes y los hijos. Gracias a su iniciativa y el debate social que suscitó su artículo, en 1958 se reformaron 66 artículos del Código Civil. Los cuatro cortometrajes que conforman esta sesión transcurren en el espacio doméstico urbano que se ve atravesado por los nuevos tiempos: bien porque la pareja no está necesariamente casada (Del amor y otras violencias de Miguel Ángel Díez, 1972), bien presentado un hogar que incluye todos los avances tecnológicos y donde el marido, a priori, ejerce su autoridad desde la comprensión y el diálogo (Androides Inc. deEmilio Arsuaga, 1969). La violencia contra las mujeres es explícita en tres de ellas ya sea de forma cruda y como denuncia o en clave de comedia o esperpento. Estos trabajos destacan por el retrato que realizan de la feminidad. Por un lado, esta se presenta como una mujer puritana en extremo que, pese a vestir minifalda, se aferra a un rosario o que está dispuesta a salvar a su agresor. Por otro lado, y con bastante ironía, la mujer idealse convoca como una fantasía (un robot o un fantasma) que concilia atributos femeninos tradicionales como la sumisión, la diligencia y el servilismo con el atractivo sexual y la (pseudo)autonomía intelectual. Como propone Manuel Jiménez Catalán en su sardónica Como en los buenos tiempos (1971), el anhelo de los “buenos tiempos” —la naturalización normativa de la desigualdad— es ya una rémora.

            La segunda sesión, Alegorías de una masculinidad dislocada, se compone de tres prácticas que permiten apreciar otros nodos sobre los que se asientan la redefinición de la masculinidad en el tardofranquismo: la confrontación frente al orden católico-militar y la represión sexual —y Ad Hoc también da cuenta de ello—. Alfa, Omega y todo lo demás dirigida porJosé Javier Martínez Leónaborda metafóricamente, a modo de performance, las tensiones entre el sistema dictatorial-católico y las ansias de libertad representadas en dos jóvenes que fútilmente tratan de saltar un muro. Frente a ellos, a modo de ritual, emerge una masculinidad autoritaria y jerárquica que ya no luce uniforme militar sino un elegante traje de chaqueta, así como la figura del buen pastor que castiga a los descarriados. Es precisamente esta autoridad la que posee, abusa y modela a la mujer. La misma audacia, desde nuestra perspectiva, la encontramos en el cortometraje Check-up de Mariano Baselga (1971). Su protagonista se somete a una revisión médica —y es el cuerpo masculino, sus ideas políticas, religiosas y sus fantasías los la cámara escruta— que se resuelve con un diagnóstico tranquilizador: “es un hombre completamente normal”. Las escenas que transcurren en la consulta se yuxtaponen con primeros planos del actor ataviado con un chándal y haciendo ejercicio. Si en un principio estos insertos remiten a un nuevo culto al cuerpo, sus finales y desesperados puñetazos al vacío caben ser leídos como respuesta a la frustración experimentada por el español medio en todos los ámbitos —sexual, laboral, social— y que tan claramente encarnaran en las pantallas Alfredo Landa o José Luis López Vázquez. En diálogo esta pieza, Amantes de Manuel Coronado (1971) tiene como protagonista a un estudiante confrontado con un presente y un futuro inciertos. Frente a obras del periodo en la que la masculinidad se construye desde la voracidad sexual —y otras piezas del inagotable archivo de la EOC lo explicitan—, este trabajo aboga por una tensa contención masculina frente a una (nueva) agencia sexual femenina. Y es que, como ha estudiado exhaustivamente Antonio Agustín García (2009), con el paso de los años, la sexualidad se convertirá en el verdadero campo de batalla de desestabilización de las masculinidades.

            ¿Qué les pasa a los hombres? Si atendemos a sus representaciones cinematográficas desde un lugar privilegiado como fue la Escuela Oficial de Cine, estos cortometrajes iluminan una crisis de sentido que afectó a los varones heterosexuales de clase media cuyos coletazos persisten. Echando la vista atrás, y pese a la(s) consabida(s) crisis de la masculinidad, apreciamos como las viejas se resisten a desaparecer y las nuevas no acaban de despegar.

Bibliografía

Campo Alange, M. (1967). Habla la mujer (Resultado de un sondeo sobre la juventud actual). Barcelona: Cuadernos para el Diálogo.

García, A. A., (2009). Modelos de Identidad Masculina: Representaciones y encarnaciones de la virilidad en España 19602000 (Tesis doctoral). Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Marqués, J-V. (1978). “Sobre la alienación del varón”, El viejo topo, 19, pp. 41-44.

Pavlovic, T (2003). Despotic Bodies and Transgressive Bodies. Spanish Culture from Francisco Franco to Jesús Franco. Nueva York: State University of New York Press.

Vilar, E. (1973). El varón domado. Barcelona: Grijalbo.


Programa realizado para el Canal Online de Filmoteca Española y sus sesiones Flores en la Sombra. Descargar hoja de sala

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